Recorrer la provincia de Castellón en bici (parte I)

Recorrer la provincia de Castellón en bici

Castellón, con 6.612 km2 de superficie, una distancia de norte a sur de unos 120km y otros 70km de este a oeste. Con casi 580.000 habitantes, repartidos en 135 municipios, agrupados en 8 comarcas. Y un objetivo: conocer y recorrer a golpe de pedal ese interior más pequeño, íntimo, y mucho más desconocido. Cruzar desde la costa al interior, atravesando el cinturón de las naves azulejeras y, de norte a sur, adentrarnos en territorio desconocido.

2020 quedará para siempre grabado en nuestras mentes como el año del COVID19. Ha trastocado nuestras vidas, mundo y planes de una manera que jamás hubiéramos imaginado y que todavía estamos experimentando. Este iba a ser también nuestro año en bici. Poco a poco las expectativas sobre cuán lejos llegaríamos pedaleando Europa, han ido disminuyendo y hemos reducido muy mucho nuestro radio de acción. Asi que, en vez de llorar por lo que pudo haber sido y no fue, hemos decidido aceptar la situación para disfrutar y sacarle partido a esas pequeñas cosas y lugares que, por cercanas, siempre suelen pasar desapercibidas. Vaya, en un segundo plano.

Pueblos Tinença de Benifassà

Así es como los planes se cambiaron (una vez más), para dar lugar a la nueva aventura de este verano: con las bicis a punto y las alforjas llenas, nos disponemos a contar nuestra ruta: recorrer la provincia de Castellón en bici.

Etapa 0. Castellón de la Plana - La Renegà (12km)

Vale, lo sabemos, parece un chiste que consideremos este trayecto como una etapa. Este recorrido, a modo anecdótico, fue el pistoletazo de salida para nuestra ruta. En nuestro viaje no planificado, ni siquiera teníamos claro del todo el día de salida. Teníamos que poner las bicis a punto, terminar algunas tareas, preparar el material que nos llevaríamos, etc. Así, fueron pasando los días, hasta que decidimos salir, fuera la hora que fuera. Como ese día se nos hizo tarde, decidimos salir de avanzadilla unos pocos kilómetros para, al menos, haber dado el primer paso y salir de la zona de confort. La Renegà es una preciosa zona de playa todavía sin construir, en Benicàssim. Con un pinar, pequeñas calas de roca y aguas perfectas para hacer snorkel, decidimos hacer noche en la zona. Ya la conocíamos, por lo que era el lugar ideal para sentirnos tranquilos y confiados en nuestra primera noche de acampada libre. Una toma de contacto para darnos seguridad y confianza de cara a los próximos días.

Dormir en la Renegà

Etapa 1. Benicàssim - Sant Mateu (66km)

Por la cosata rumbo al norte, la ruta ya la conocíamos de un viaje anterior al Delta del Ebro. Pasamos Oropesa y su «ciudad de vacaciones», continuamos por huertas de naranjos que atraviesan la playa de Cabanes, hasta llegar al centro BTT de Torre la Sal. De ahí, nos desviamos al interior, hacia Torreblanca, donde nuestra idea de un desayuno se convirtió en un esmorzar en toda regla con su pincho de tortilla, sus longanizas, pan con tomate i alioli, cacaus y olivas. Vamos, un completo. Seguimos pedaleando hasta llegar a les Coves de Vinromà. Buscamos una sombra en un pequeño pinar en las afueras del pueblo, y allí paramos a refrescarnos, comer y echar una siesta. Desde ese día, seguimos este ritual prácticamente todos los días de la ruta para evitar el sofocante calor de mediodía.

Pasadas las 5 de la tarde, decidimos recoger campamento y seguir pedaleando. Nuestra idea inicial era parar un poco antes de llegar a la Salzadella, en una arboleda que habíamos visto a través de Google Maps, antes de salir de casa. Pero, una vez allí, no nos pareció tan buen lugar para pasar la noche, y aún era bastante temprano, así que decidimos rodar un poco más en dirección Sant Mateu. Antes de entrar al pueblo, divisamos una colina con una ermita en la parte superior y decidimos acercarnos, en busca de nuestro primer sitio de pernocta. La colina no parecía tan alta desde abajo pero, ¡mamasita, menuda subida! A ratos pedaleando, a ratos empujando, llegamos a la ermita.

 – Venga, busquemos un sitio escondido para poner la tienda.

Y mientras Jolu se adelantaba a explorar, un vecino de la zona se acercó a preguntarme por nuestro viaje. Tiene algo de atracción una bici cargada con alforjas. La gente siente curiosidad por saber a dónde vas o a de dónde vienes, cuántos kilómetros haces al día o cómo es eso de pedalear bajo el sol de agosto. Lo cierto es, que muchas veces el cicloturismo te abre un poco las puertas a conversar con los vecinos de un lugar.

Acampada ermita Sant Mateu

Tras la charla, nos recomendó seguir subiendo el cerro, y llegar a la cima, dónde encontraríamos la ermita de San Cristòfol. Vistas de escándalo, un bocadillo de atún con tomate y ya lo teníamos listo para pasar nuestra primera noche en territorio desconocido. Pusimos la tienda sobre el porche de la ermita y, bajo un manto de estrellas y el frescor de la noche, nos acostamos.

Etapa 2. Sant Mateu - La Pobla de Benifassà (51km)

Amanecimos bien temprano, con la tranquilidad de haber descansado bien y con la certeza de que esto que estábamos haciendo de la acampada libre no le podía estar haciendo daño a nadie. Café en Sant Mateu y seguimos la marcha. Rodamos entre muchas zonas de olivos milenarios y reductos de antiguas construcciones romanas. Largas rectas en ascenso y descenso bajo un sol de justicia hasta La Sènia, pueblo fronterizo entre Castellón y Tarragona, ya en la provincia catalana.

Poco a poco nos acercábamos a uno de los lugares más desconocidos de la provincia (al menos para nosotros) y, quizá por eso mismo, a uno de los que más ganas le teníamos: La Tinença de Benifassà. Y es que, en pocos kilómetros, la aridez del último tramo se convirtió en una subida flanqueada de vegetación y río, que nos llevó hasta el embalse de Ulldecona. Punto perfecto para nuestra parada de mediodía, nos refrescamos como nunca en las azules aguas del embalse. No hay nada como un chapuzón tras una larga mañana de pedaleo.

Descanso embalse de Ulldecona

Por delante, teníamos toda una carretera atravesando el parque natural de la Tinença que nos iba a llevar desde los 300 a los casi 1.300m. Con este reto por delante, decidimos tomárnoslo con calma y dormir en mitad del camino. Iniciamos el ascenso bien provistos de agua y comida, mentalizados para una durísima ascensión. Íbamos manteniendo el pedaleo, contemplando un paisaje increíble y con un ambiente fresco. El escenario perfecto para rodar. Pronto encontramos nuestro ritmo y todos nuestros «miedos» mentales desaparecieron. Decidimos parar al divisar una salida de la carretera principal en el momento que empezaba a chispear. Justo a la entrada de la Pobla de Benifassà. Tomamos un camino secundario y empezamos el ritual de búsqueda de lugar para pasar la noche. Dimos unas cuantas vueltas sin acabar de decidirnos

-¿Muy cerca del camino? Aquí parece que hay una casa y pueden vernos,…

-¿Y aquí? hay mierdas de vaca, ¿será un lugar de paso del ganado…?

Muchas cuestiones que te cruzan la mente, dos opiniones que ¡oh sorpresa! muchas veces no coinciden y el nerviosismo de pensar si habremos acertado o no. Lo cierto es que siempre, siempre, tras los momentos de tensión y una vez decidido el sitio, hemos estado a gusto en el lugar elegido. Bajo el manto de la noche, parece que todos los problemas desaparecen. Otra noche de tranquilidad y calma, rodeados de espectaculares paredes de roca.

Felicidad en la Tinença de Benifassà

Etapa 3. La Pobla de Benifassà - Xiva de Morella (45km)

Retomamos la carretera de la Tinença. Rodeados de un paisaje que te hacía olvidar el esfuerzo de la subida, fuimos avanzando kilómetros. Nos encontrábamos en una zona muy despoblada, con pueblos muy pequeños. Nos dimos de lleno con el nuevo nombre de moda para esta situación: «la España vacía» o vaciada. Zonas de gran belleza y difícil acceso. Pueblos que en invierno se sepultan bajo la nieve y el olvido, para resurgir con algo de esperanza con la llegada de la primavera (aunque este estuviera siendo un año atípico). Lugares increíbles de los que nos hemos ido alejando para poder poblar otros llenos de asfalto, de los que luego poder quejarnos. Ciudades de las que luego queremos huir para buscar «paz y tranquilidad» en pueblos a los que hemos dejado morir. A veces resulta difícil comprendernos como sociedad.

Paisajes en la Tinença de Benifassà

Con nuestras «filosofadas» llegamos al bar de Castell de Cabres. Nos repusimos con su pincho de tortilla recién hecho y su café con leche, para coronar la cima del parque natural. Y ahí, desde los 1.300m nos tocó dejar atrás la carretera tranquila y solitaria para coger un tramo de nacional hasta Morella, ¡menos mal que era de bajada! Aún así, se nota muchísimo la diferencia de pedalear en una y en otra, así que siempre es mejor evitar las carreteras más conocidas y directas cuando viajas en bici. Y, de repente, lo vimos, el castillo de Morella. Una fortaleza natural, integrada en la roca. Imponente ya en la distancia. Aquí íbamos a tener nuestro punto de inflexión en la ruta, ya uqe nos quedaríamos dos noches en unos alojamientos en Xiva de Morella. Aprovechamos nuestro paso por el pueblo para aprovisionarnos de algunos caprichos, en forma de chuletón y vino, para los próximos días. Pedaleamos los últimos 9km hasta Xiva con las alforjas algo más cargadas hasta nuestro alojamiento. Tarde de relax y lavadora, que se agradece mucho, y un merecido descanso después de los primeros 162km de ruta.

Etapa 4. Xiva - Morella - Xiva

Aprovechamos nuestra parada en Xiva para visitar la icónica Morella. Pueblo fijo en las listas de «los más bonitos de…» tiene una fama merecida. Muralla, castillo, callejuelas y edificios bien conservados. Para nosotros, todo eso vale la pena al sentir que es un pueblo vivo, que no es solo una postal para el turista (cosa que sí hemos sentido en algún que otro pueblo…). Pese a la mucha fama del pueblo, se nota que la gente vive allí. Hay vida, comercios, mercado, actuaciones en la calle,… Morella, nos has gustado.

Morella

Continuará…

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