Proyecto huerto: hablamos de permacultura

Por ponernos en contexto… un 14 de marzo de 2020, empezó el confinamiento en España. A nosotros nos pilló en Castellón, dónde hemos estado viviendo los últimos dos años. Por aquél entonces, teníamos un plan, una idea o un proyecto (llámalo como prefieras), para los próximos meses: un viaje en bici por el sur de Europa. Queríamos empezar en Mayo y, bordeando el Mediterráneo, poner rumbo al este, quizá llegando hasta Turquía… un viaje que nos llevaría varios meses y al que le teníamos muchas muchas ganas.

Pero, sin apenas ser conscientes de lo que estaba pasando, empezaron a cerrarse fronteras, se empezó a hablar de periodos de cuarentera y de confinamiento,… el coronavirus había llegado.

Viajar en bici

Así que, contra todo pronóstico, el viaje que llevábamos tanto tiempo imaginando, dejaba de ser posible. Evidentemente, el coronavirus nos ha afectado de lleno a todos y lo primordial ha sido cuidarnos, quedarnos en casa e intentar no colapsar nuestro sistema sanitario. Todos aquellos planes que pudiéramos tener, pasaron a segundo plano ante la emergencia sanitaria nacional y global que seguimos viviendo. Una emergencia sanitaria que ha dado paso a otra de carácter económica y que nos sigue afectando a nivel social.

NOTA: No tengo intención de hacer aquí una narración político-social de la situación y del momento que vivimos como sociedad y como humanidad. Quería únicamente narrar un poco el contexto en el que nos encontramos a día de hoy, para hablar del nuevo proyecto que nos traemos entre manos…

Ante esta nueva situación, lo primero fue aceptar que, efectivamente, y por segunda vez, nuestro viaje largo en bici tenía que ser aplazado. Y ante circunstancias externas que escapaban a nuestro control, lo mejor y más sensato que podíamos hacer era asumir la realidad, agradecer por estar bien física y emocionalmente, y volcarnos en otras actividades. Así que, decidimos cumplir con otra de esas ilusiones que tenemos guardadas en nuestra cabezas y que salen a pasear de vez en cuando en nuestras conversaciones. Algo que, estando en movimiento, no hubiera sido posible llevar a cabo: ¡nuestro propio huerto!

Proyecto huerto

Así es, desde este mes de Mayo 2020, cuando se permitió el acceso a huertos de autoconsumo, nos pusimos manos a la obra para desarrollar nuestro porpio espacio. De repente, volvíamos a tener un «objetivo» o, mejor dicho, una idea que nos ilusiona a los dos y a la que nos encanta dedicar tiempo. Desde el instante de pensarlo e imaginarlo hasta el momento de ponernos a cavar con la hazada, o cualquier otro trabajo para llevarlo a cabo.

La idea del huerto no solo nos gusta por lo evidente: disfrutar de verduras, hortalizas y frutas ricas y sabrosas. Claramente todos preferimos un tomate con sabor a TOMATE que uno con sabor a SUPERMERCADO.

Tener un huerto implica también una determinada forma de consumo: de proximidad. Algo que ya intentamos hacer en nuestras compras habituales pero que, de esta forma, va un paso más allá. Autoproducir y autogestionarse. Aprender cómo funcionan los tiempos y los ciclos de los alimentos que consumimos. La dedicación y los cuidados que requieren las plantas y la satisfacción que supone observar cómo una semilla se convertirá con el paso de las semanas en un alimento, y así sucesivamente. Un ciclo sin fin. Un consumo controlado y consciente. Incluso los principios en los que nos hemos basado para desarrollar el huerto han sido importantes para nosotros: hablamos de permacultura.

Hablemos un poco de permacultura

Este concepto, «relativamente nuevo», que se acuñó en los años 70, y que se ha definido como «un sistema de principios de diseño agrícolas y sociales centrado en la simulación o directamente en el uso de los patrones y las características observadas en los ecosistemas naturales».

En el sentido puramente práctico a la hora de elaborar un huerto, podríamos decir que se trata de conseguir producción creando o manteniendo en el huerto un ecosistema vivo y, por supuesto, evitando el uso de pesticidas o plaguicidas, tanto de origen químico como natural. De momento, hemos hecho varios bancales intentando asociar diferentes tipos de cultivos entre plantas que pueden ser beneficiosas entre sí. También hemos plantado flores que, a parte de dar colorido al huerto, servirán para atraer fauna que nos ayude a combatir posibles plagas y de esta forma intentar formar un ecosistema lleno de vida. Todo esto será un laboratorio en el que pondremos en práctica nuestros escasos conocimientos sobre este mundillo. Aunque esperamos poco a poco ir descubriendo, ampliando y compartiendo estos conocimientos sobre una «agricultura natural».

Permacultura

Ya en nuestro viaje por Sudamérica, en nuestro paso por Argentina, conocimos y convivimos con la permacultura de la mano de Luisa, una mujer que vive en la ecoaldea de Alpatauca y a la que conocimos a través de una red de contactos entre proyectos y voluntarios. Estuvimos algo más de dos semanas en su casa, durante las cuales conocimos un poco más acerca de otra forma de vida, más sostenible: bioconstrucción, autoconsumo, comunidad, … Conceptos con los que nos sentimos cómodos y que fueron el germen de los cambios en los hábitos de consumo que hemos desarrollado en estos dos últimos años. Una experiencia que nos marcó bastante y de la que aprendimos muchísimo. En aquel momento, estas fueron nuestras impresiones acerca de la permacultura.

Así que, nuestra huerta no significa solo comida asequible y de calidad, significa acercarnos un poco más a esa forma de vida que nos descubrió Luisa, más sostenible y con menos necesidades materiales. Poco a poco iremos contando acerca de este nuevo proyecto y los avances que vamos teniendo en el huerto.

¡Nos vemos pronto!

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