Con Un Par De Mochilas

Lo que hubo vs lo que es

A pocos días de que expirara nuestro visado en Bolivia (no sabemos por qué, sólo nos habían dado 30 días al ingresar al país), pusimos rumbo al Titicaca. Un viejo conocido que habíamos visitado 2 años antes en nuestro viaje a Perú. Ya en aquel entonces quisimos visitar la parte boliviana, pero justo el día que quisimos hacerlo se habían suspendido todos los traslados a la isla por la celebración de elecciones en el país. En ese momento estábamos con nuestros 20 días de vacaciones, y no tuvimos tiempo para posponer la visita. Así que en este viaje en el que el tiempo más que un problema es un aliado, nos disponíamos a visitar la Isla del Sol.

Zarpamos hacia la Isla del Sol

Siempre dicen que segundas partes nunca fueron buenas y, aunque el paisaje seguía siendo espectacular, las vivencias no pudieron ser más diferentes. Es cierto que la isla del Sol tiene mucha fama debido a los restos incas que posee. Mucha gente viaja hasta aquí atraída por estas construcciones. Pero, para nosotros, el lago Titicaca significaba paz, tranquilidad y otra forma de vida. Hagamos un poco de “remember”… Dos años atrás, visitamos la isla de Amantaní, en el lado peruano del lago. En la isla viven varias comunidades y, en aquel momento, entre dos de ellas se turnaban la acogida de turistas. A nuestra llegada, nos quedamos en casa de un matrimonio, Milque y Yola, con los que mi hermana se había hospedado un mes antes. Como ya teníamos su contacto, hablamos directamente con ellos para quedarnos en su casa, mientras el resto de viajeros se hospedaban en la otra parte de la isla. Resultado: 3 días de convivencia total con la familia, explorando toda la isla a pie, viviendo con la luz del sol, ya que no hay electricidad, solo alguna placa solar, y sin agua caliente. Tres días increíbles, disfrutando de la tranquilidad y de otra forma de vida más relajada y de contacto con la tierra. Esto era el Titicaca para nosotros.

Paz y tranquilidad en Amantani

Sin embargo, lo que nos encontramos al llegar a la isla del Sol, fueron restaurantes de plato combinado para el turista y pizzerías, todo tipo de alojamientos, desde hostales de mochileros hasta hoteles, e incluso wifi… INTERNET!!!! Sinceramente, no era lo que nos esperábamos. Tampoco pudimos visitar los retos arqueológicos de la isla, ubicados en la parte norte, debido a un conflicto entre las comunidades. Por lo que nos contaron, la comunidad del sur empezó la construcción de un hotel, en una zona que la comunidad norte consideraba sagrada, y lo destruyó. Desde ese momento, la comunidad sur no deja que ningún viajero cruce a la parte norte, ni zarpa ningún barco a su puerto. Así que, aunque la isla sigue teniendo unas vistas increíbles, nos quedamos sin conocer las antiguas construcciones incas.

Vistas de la isla del Sol

Realmente las comparaciones son odiosas, pero no pudios evitar acordarnos de Amantaní y lo que habíamos vivido allí hacía dos años. También puede pasar que los recuerdos se idealicen y que esperes que las cosas no cambien mientras tu has ido, vuelto y, seguramente, cambiado mucho a lo largo del camino. Esa sensación de que las cosas esperen por ti, mientras tu has hecho tu vida… Tendremos que aprender a aceptar los cambios, a que las cosas evolucionen sin consultarnos. No nos arrepentimos de la experiencia, ésta nos ha enseñado que debemos disfrutar de cada momento, como si fuera el primero.

2 Comentarios

  1. Dámaris García García

    Estas hecha una filosofa!!!!!!!! Tenemos que aprender a adaptarnos a las situaciones tal como vienen. Que lo paséis bien,muchos besos.

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    1. Vicky (Publicaciones Autor)

      En eso estamos, aprendiendo, aprendiendo, y aprendiendo más todavía en este viaje! Un beso!

      Responder

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