Con Un Par De Mochilas

La ruta de los volcanes

Cuenca, de Ecuador

Viajar por Cuenca, en Ecuador, con un grupo de Villamayor de Santiago, significaba sí o sí la siguiente escena:

– Y ustedes, ¿de dónde son?

– De Cuenca. De Cuenca de España.

Y es que, tenemos a los cuencanos de Ecuador, y a los conquenses de España. Veníamos a comprobar con nuestros propios ojos si, más allá del nombre, las dos ciudades tenían algún tipo de similitud. Por si acaso no era así, los villamayorenes se vinieron con una botella de resoli bajo el brazo.

La ciudad de Ecuador, recibe en realidad el nombre de Santa Ana de los cuatro ríos de cuenca, ¡casi nada!. Pero podemos dejarlo en Cuenca para los amigos. También es conocida como la ciudad de las iglesias, las cuales te vas encontrando prácticamente en cada esquina de la ciudad. Caminar por su centro histórico es una sucesión de antigua y bien conservada arquitectura colonial. Su catedral nueva, inspirada en la de Notre Dame, se impone en el parque Calderón. Recorrimos, su  cripta y sus tejados, aprendiendo sobre historia en uno y admirando las vistas de la ciudad desde el otro.

Vistas de Cuenca

Bordeando el río que atraviesa la ciudad, nos encontramos el museo y las ruinas del Pumapungo. En el museo conocimos más acerca de las diferentes regiones y culturas en el país: la costa, la sierra, la selva… También pudimos observar restos de la antigua civilización inca: ese inmenso imperio que se extendió desde la actual Colombia hasta el el norte de Chile y Argentina. En nuestros paseos por la ciudad, también descubrimos que Cuenca tiene encanto y un toque de, podríamos decir, moderneo. Hay muchos restaurantes, museos, locales con música en directo, galerías de arte… En definitiva, una ciudad por la que da gusto pasear.

Paseos en Cuenca

Baños de Agua Santa

Dejamos atrás las ciudades de Guayaquil y Cuenca para adentrarnos, poco a poco, en la sierra de Ecuador. Esta zona, en el interior del país, se conoce como la ruta de los volcanes. Y no es para menos, ya que Ecuador es un país con una gran presencia volcánica: en los aproximadamente 600km de cordillera de los Andes que atraviesa el país, hay más de 80 volcanes, de los cuales 27 son activos, y 14 han tenido actividad en tiempos históricos. Subiendo desde Cuenca hacia el norte, pasamos el Sangay y el Chimborazo, hasta llegar a los pies del Tungurahua, en Baños. Y a este gigante fuimos a presentarle nuestros respetos. Subimos en autobús hasta un lugar conocido como “El columpio del fin del mundo”. Desde aquí, si el día está despejado (cosa que no pasa con frecuencia), se puede observar al magnífico volcán, mientras te columpias sobrevolando la ladera de la montaña. Una experiencia súper recomendada, con un toque de adrenalina.

Columpio fin del mundo

Baños es un pueblo de montaña y vegetación. Un lugar rodeado de naturaleza, agua y volcanes. Y, como ya nos ha pasado en otros lugares de Sudamérica (como la Quebrada del Diablo en Chile o la Garganta del Diablo en Argentina), también tiene su particular Pailón del Diablo. En este lugar, a pocos kilómetros del pueblo de Baños, se encuentra una magnífica cascada de varios saltos de agua. Para llegar hasta la cascada, hay que caminar algunos minutos entre densa vegetación, para llegar a la caída de agua, donde se genera un impresionante remolino de gran fuerza. Un paraje en el que te encuentras rodeado de agua, que llega de todas partes. Continuando el ascenso, y pasando por algunas cavidades en la roca, no aptas para claustrofóbicos, llegas a la parte superior del salto, desde donde contemplar la caída del agua y, si tienes ganas, pasar por remojo bajo la primera cascada. Para mí, fue una experiencia increíble y unas vistas alucinantes.

Pailon del diablo

En Baños, también disfrutamos de sus aguas termales. Un ritual que practican la mayoría de los habitantes de la zona. Era curioso ver como toda la gente salía de trabajar y se dirigía al reciento de las aguas volcánicas, las termas son un lugar de encuentro e interacción. Primero, pasamos a la piscina principal, de agua caliente, que está a unos 30ºC. 5 minutos son suficientes ahí dentro. El cuerpo se ha escaldado lo bastante para pasar a la poza de agua helada y no quedarse en el intento. Luego, puedes pasar a la piscina “templada”, esa en la que apetece sentarse o tumbarse a hablar. Esa de la que luego cuesta salir. Y así, entre volcanes, vegetación y termas, pasan nuestros días en Baños.

Aunque, la última parada antes de llegar a Quito fue la visita al volcán Quilotoa. Un sitio impresionante que guarda una laguna en su interior. Llegamos a la cresta del volcán, a unos 3.800m, desde donde las vistas a la laguna son increíbles. Tras varias horas de descenso disfrutando de la visión del lugar y un poco de kayak en las aguas turquesas del lago, retomamos el ascenso a la parte más alta del cráter. Unos kilómetros sin duda duros, pero que merecieron totalmente la pena. ¿Quién sabe cuando volveremos a encontrarnos en un sitio como este?

Quilotoa

Quito y la Mitad del Mundo

El cierre, el broche de oro a nuestro paso por Ecuador fue su capital, Quito. Su centro histórico, perfectamente conservado, es digno de varios días de visitas. Pasear calle arriba y calle abajo, contemplando la arquitectura es una actividad totalmente recomendable. Igual que la visita a su catedral: un gigante de piedra donde perderse en sus tripas y torres. La sensación que me dio este recinto religioso, fue una mezcla de lo místico y lo sagrado de la religión, con lo natural. Prueba de ello son las gárgolas con cuerpo de animales: cocodrilos, pelícanos, iguanas… un auténtico muestrario de lo animales de la zona. También son impresionantes las vistas de la ciudad, subidos a las torres y campanarios. Otra forma de visitar una catedral, sin duda más estimulante para nosotros.

Catedral de Quito

Finalmente, dedicamos un día a visitar el parque Mitad del Mundo. El lugar exacto (o casi) por donde pasa la línea del ecuador que “divide” el mundo en dos hemisferios. La verdad es que, simbolicamente, es un punto muy importante en el viaje. Aunque nunca lo consideramos como una especie de “meta u objetivo”, lo cierto es que nos hizo ilusión encontrarnos allí. Vernos en esa línea amarilla donde la gravedad es menos fuerte que en cualquier otra parte del planeta, o donde es posible conseguir que se mantenga un huevo encima de un clavo. 

Al fin y al cabo, un lugar especial por el que hemos pasado. Y, aunque el viaje lo contamos en momentos y experiencias, esta foto siempre nos quedará en el recuerdo. Para volver la vista atrás y decirnos el uno al otro ¿Te acuerdas cuando llegamos a la mitad del mundo?

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