Con Un Par De Mochilas

La Paz, la no capital de Bolivia

No entraba en nuestros planes iniciales pasar por La Paz, y mucho menos quedarnos 7 días, con sus 7 noches. Pero los viajes no planificados es lo que tienen, que pasan cosas que no tenías previstas. En este caso, para nosotros ese hecho fue conocer a Rubén y su familia. Unas personas que hicieron que nos sintiéramos como en casa, y que consiguieron que la Paz se convirtiera en una ciudad más cercana y amigable.
Dedicamos una tarde entera a sobrevolar la ciudad, subidos a los teleféricos. A vista de pájaro, la Paz es una ciudad inmensa, caótica y desordenada. Tan pronto pasas por encima de un valle, como de una colina donde las casas de ladrillo parece que se superponen unas a otras. O ves escaleras infinitas que suben y bajan por los cerros.

La Paz a vista de pájaro

La linea azul del teleférico nos llevó al Alto. Una ciudad a más de 4.100 m de altura, y que ha crecido tanto que se fusiona con La Paz. Justo era domingo, día de mercado. Llegamos cuando los vendedores ya recogían sus puestos, y nos sorprendió comprobar como muchas de las casetas eran de brujos. Lugares donde pedir tanto buena fortuna, como librarte de un mal de ojo. Y es que, por lo que hemos podido conocer, si hay algo que pesa en Bolivia son las tradiciones. Desde las cholitas (las mujeres con su vestimenta tradicional) que no son un espectáculo para el turista, si no una realidad en el país. No se visten así “para el extranjero”, si no que es su forma de vida. Siempre con su sombrero, sus trenzas y su eterna carga a la espalda. Puede ser la conductora del autobús, la mujer que regenta un negocio o la vendedora del mercado. Ese es otro imprescindible en Bolivia, sus mercados. La venta ambulante es la forma clásica y más habitual de comercio. Los bolivianos prefieren conocer a la persona a la que están comprando, más que ir a un supermercado. Les gusta ese trato cercano.

Viajando local

Bolivia nos ha parecido un país realmente autentico, donde la tradición y el respeto a las costumbres está latente. Y lo pudimos vivir en primera persona, ya que nuestro paso por la Paz coincidió con la celebración del Carnaval. Y lo hemos vivido desde dentro, en casa de una familia boliviana. Aquí no se celebra tal y como nosotros lo conocemos, con la gente disfrazándose y saliendo a la calle, si no que durante los 3-4 días que dura, hay claras tradiciones, en el que se mezclan costumbres ancestrales con celebraciones traídas en la época de la colonia.
Por ejemplo los jueves de comadres y compadres, uno cada semana. Esos días, se organizan fiestas solo de hombres o de mujeres, respectivamente. Refleja el pensamiento traído por los españoles, donde el Carnaval simboliza descontrol y permisividad.
El viernes, vimos la celebración de los comercios, donde cada negocio decora su local y junto con amigos y familia pasan la tarde (y la noche) celebrando. Un día donde no faltan los tragos.
También vivimos la celebración del Jisk’a anata. Un desfile de danzas tradicionales, música y trajes típicos. Un buen momento donde conocer más de la cultura boliviana. 

Ya para finalizar las fiestas, el día que nos fuimos se celebraba la Ch’alla. Una tradición que consiste en agradecer a la madre tierra por los frutos y las cosechas dados durante el año (en las ciudades, se agradece también por los bienes materiales). El agradecimiento suele ser una ofrenda, donde se reúnen varios objetos como frutas, caramelos, serpentinas, alcohol, pétalos de flores… junto con un feto de llama. Esto se quema y se entierra para ofrecerlo a la Pachamama. Todas estas celebraciones y costumbres no están en desuso. La gente las vive y participa de ellas. Bolivia es un país que no ha perdido su esencia y que es muy consciente de sus raíces y su pasado. Algo sobre lo que reflexionar en un mundo donde la globalización es un hecho, donde hay un McDonals y un Starbucks reemplazando a cada restaurante o cafetería local y muchas veces las costumbres de cada región se pierden.

Nuestro paso por la Paz nos ha dado una visión un poco mas profunda de Bolivia. Este país, que empezó siendo una total incógnita, empieza a desvelarnos parte de su esencia.

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