Con Un Par De Mochilas

Cómo afrontar tu primer cicloviaje

Primer viaje cicloturista

Recuerdo cuando planeamos aquel primer viaje largo en bici por Cerdeña. Antes, habíamos hecho un par de salidas en bici de una y dos noches (la vía verde del Tajuña en Madrid y la de Ojos Negros entre Teruel y Valencia). Todo hay que decirlo, ambas geniales. Pero esto ya era un VIAJE, con mayúsculas. Iban a ser diez días subidos en la bici, con sus diez noches de tienda de campaña, sus agujetas y su dolor de culo correspondiente. A mí me gusta mucho la bici pero, a diferencia de Jolu que la utilizaba diariamente como medio de transporte en Madrid, yo no pasaba de cogerla de forma esporádica: para moverme algún día puntual en Madrid, para una salida a la casa de Campo, hacer un trozo del anillo verde y cosas así. Mentiría si dijera que no me daba un poco de “respeto” embarcarme en un viaje así. No sabía si aguantaría el ritmo, el cansancio o si tendríamos buen tiempo. ¿Qué pasaría si no podía subir una pendiente? ¿O si teníamos el viento en contra los diez días? 

Coronamos la cima

Si os encontráis en ese mismo punto donde estaba yo, os voy a dar la clave única y definitiva para hacer un ciclo-viaje: TENER GANAS. Ni más ni menos.

Es cierto, no se necesita absolutamente nada más. Bueno, una bicicleta sí, evidentemente, jejejeje. Pero no tiene por qué ser una bici nueva, ni tener 200 marchas, el mejor sillín del mercado ni un equipo digno de un ciclista profesional. Dos ruedas y un cuadro son suficientes. Tu vieja bici de cuando eras adolescente te serviría. Todos esos extras te aportarán confort, cierto, pero ninguno es imprescindible. Y creo que ese es el punto que hace que ciclo-viajar nos guste tanto: que tus piernas, propulsando cualquier bici, te llevarán donde quieras. Puede ser que te cueste más o menos, que llegues antes o después a destino pero, seguro seguro que lo consigues. Solo hay que conocer cada uno su propio ritmo. No se trata de ser el primero o de recorrer los máximos kilómetros por día. Ciclo-viajar, al menos para nosotros, significa viajar a paso tranquilo, ver cambiar los paisajes a cada pedaleada, parar y retomar la ruta cuando uno quiere y atravesar pueblos y zonas que de otra manera te perderías. Tiene más que ver con la libertad y la autosuficiencia que te proporciona la bicicleta que con cualquier otra cosa. Así que, si tenéis ganas de probar un viaje así, HACEDLO. Os aseguro que no os arrepentiréis.

Cerdeña en bici

Si, además de la parte motivacional, queréis conocer algún dato práctico sobre viajes en bici, aquí os dejamos algunos tips sacados de nuestra experiencia personal:

  • Intenta viajar con los horarios que marca el día. Es decir, levantarse con el sol y acostarse cuando anochece. Pedalear a primera hora despeja, y ucho. Y, de esta forma, caerás redond@ cuando llegue la noche.
  • Tómatelo con calma. Recuerda que, si viajas con una bici de marchas, tendrás 18, 21, 24... cambios. ¡Utilízalos! Si eso no es suficiente, o tu bici no tiene cambios y no das más, bájate de la bici. Aprovecha para descansar un rato o camina empujando la bici. Recuerda que eto no es una competición y cada uno tenemos nuestros ritmos
  • Ten siempre a mano una bolsa con frutos secos, dátiles, pasas... Dan mucha energía. Nosotros los preferimos a las barritas y otros snacks energéticos.
  • Máxima hidratación y protección solar siempre.
  • Un kit de herramientas puede ahorrarte muchos problemas en caso de una pequeña avería (pinchazo, enganche de la cadena, falta de aire en la rueda...)

Algunas ideas si vas a acampar:

  1. Sandalias de repuesto. Agradecerás quitarte las zapatillas después de toda una jornada con ellas puestas.
  2. Cuerda y pinzas para tender la ropa. Para nosotros, en un viaje largo, es mejor ir ligeros de de equipaje e ir lavando durante el camino. Si llevas una pastilla de jabón, te servirá tanto para hacer la colada como para ducharte.
  3.  Una tela multiusos. Puede hacerte tanto de mantel de picnic como de sábana por la noche. Un básico.
  4. Pequeño botiquín: Betadine, suero fisiológico, esparadrapo y gasas para las rozaduras o pequeñas heridas. Y, atención: ANTIMOSQUITOS. Nunca sabes si la zona de acampada puede ser un auténtico hervidero o no. Mejor tener siempre uno a mano.
  5.  A nosotros, nos gusta viajar con mapa de carreteras. De esta forma no dependemos de la batería de nuestros teléfonos. Hay algo de mágico en viajar siguiendo los trazados de un mapa cual Marco Polo modernos ;D. Si no aparecen los campings en el mapa, antes de salir de casa los marcamos para hacernos una idea de cuáles pueden ser las etapas. Pero solo como algo orientativo. Nosotros nunca reservamos nada con antelación en este tipo de viajes.

Y como recomendación final: No te sientas en la obligación de cumplir con un objetivo diario de kilómetros. Quizá un día sea mayor el cansancio, te has desviado de la ruta a ver algún sitio o decides pararte en un lugar que te haya encantado. Aprovecha y aprende a disfrutar de lo que te vayas encontrando en el camino.

¡Felices rutas! 

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