Con Un Par De Mochilas

Chachapoyas, el reino en las nubes

Realmente, Chachapoyas no es un destino que digamos de “fácil acceso”. Es una ciudad en las montañas, con una carretera un poco… dejémoslo en precaria… Desde la costa, en Trujillo, volvíamos a adentrarnos en la sierra. La verdad es que teníamos muy buenas referencias de la ciudad de Chachapoyas pero, más allá de eso, había una razón por la que queríamos visitarla sí o sí: llegar a la catarata del Gocta. ¿Y por qué?

Bueno, es una historia que se remonta a 2015. A principio de ese año, Jolu y yo barajábamos destinos para irnos de vacaciones. Una noche, viendo la tele, nos encontramos con el programa “Planeta Calleja”. Ese día, Jesús Calleja y David Muñoz iban a descender rapelando la catarata del Gocta. Las imágenes eran increíbles, nos quedamos alucinados. La catarata se encontraba en Perú, y nos pareció muy buen destino para viajar. Pero, una vez nos pusimos a planificar, los 20 días que teníamos de vacaciones, no daban para todo lo que queríamos ver… Al final, diseñamos una ruta por el sur del país, que dejaba a Gocta fuera del recorrido. Algo más de dos años después de aquel viaje, hemos regresado a Perú (¡Quién nos iba a decir que volveríamos, y tan pronto!) y la catarata era un imperdible para mi. 

¿Qué tendrán las caídas de agua que, por lo general, gustan a todo el mundo? Por ejemplo, si haces una ruta de montaña, parece que ésta tiene un plus si pasa o acaba en una cascada. Pienso en el Salto de la Novia, en Navajas (Castellón), un sitio precioso al que llegamos después de dos días pedaleando la Vía Verde de Ojos Negros (esta ruta la contaré en otra ocasión) o en el sendero del Chorrillo, que hicimos en nuestro paso por el Chaltén.

¿Y qué diferencia hay entre catarata y cascada? Así a priori, si piensas en los apellidos que acompañan al primero, te imaginas saltos enormes y grandes cantidades de agua: Iguazú, Niagara, Victoria… Algo tiene el salto del agua que nos llama la atención, nos engancha… Y Gocta no solo tiene uno si no dos saltos de agua. Doble ración.

Catarata del Gocta

Y con esto entramos en el debate sobre el ranking de altura de las cataratas. Parece ser que hay muchas modalidades y puedes ser la catarata más alta del mundo en un salto, en varios, en longitud total… El ser humano tiene obsesión por las posiciones, las clasificaciones. Hay un orgullo en tener “la más alta”. ¿Quizá demasiada competitividad…? No sé. Lo cierto es que en estos ránkings, Gocta suele ocupar puestos en la parte alta de la tabla. Y es que sus 771 metros no son baladí.

Nosotros nos decidimos a hacer el circuito más largo posible para ver la catarata. Por nuestra cuenta claro. Salimos del pueblo de San Pablo para llegar a la base del primer salto y contemplar los 231 metros de caída. El paseo fue precioso y solo para nosotros. Nadie se animó a hacer ese día el circuito entero. Después de varias horas de camino y una buena dosis de vistas espectaculares del Gocta, iniciamos el descenso a la segunda caída. En este segundo salto, de 543 metros, el agua parecía una cortina. Como si nos bañara una fina lluvia. La vuelta fue por el pueblo de Cocachimba, tras dos horas y media más de recorrido. 

Fue un día especial. Algo así como encontrarnos con aquello que había motivado nuestro primer viaje juntos. 

Chachapoyas todavía dio para más. Conocimos la fortaleza de Kuélap. Un asentamiento de una civilización pre inca, los Chachapoyas. Recorrimos la antigua ciudad, construida sobre un impresionante muro de piedra. Debido al clima que hay, la zona suele estar cubierta de nubes, y por eso es conocido como “el reino en las nubes“. Actualmente, hay un teleférico que te acerca hasta la antigua ciudad de los Chachapoyas en unos 20 minutos. Hasta hace unos pocos años, la única opción para llegar era pasarte 2 horas y media en carretera o un ascenso de 4 horas a pie por la ladera de la montaña. 

Fortaleza de Kuélap

Definitivamente, vale la pena acercarse hasta este lugar lleno de historia y naturaleza. Y es que muchas veces, el camino más sencillo no es el mejor camino.

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