Con Un Par De Mochilas

Cambios en nuestros hábitos de consumo

Ha pasado algo más de un mes desde que escribimos por última vez en el blog. Lo cierto es que han pasado bastantes cosas en este tiempo que nos han mantenido ocupados, y alejados de los viajes… Ha sido un periodo de cambios e inicio de nuevos proyectos. Tras nuestro paso por Sudamérica, y después de llevar cuatro/cinco años en Madrid, hemos decidido establecernos en Castellón. Ha sido un mes de grandes transformaciones, de volver a asentarse en un lugar, de mover nuestros trastos a un punto más o menos fijo de nuevo… El cambio de ciudad ha implicado también un cambio en nuestros proyectos laborales. Y, aunque estamos otra vez “en casa”, vuelve a ser todo nuevo de nuevo.

Playa de Benicasim

La vuelta a unas “rutinas”, ha hecho que nos replanteemos qué estilo de vida queremos llevar. Podríamos seguir viviendo pensando que nuestros actos no tienen repercusiones, o seguir viviendo y consumiendo como si los recursos fueran inagotables… pero lo cierto es que eso no es así y cada día, al menos nosotros, somos más y más conscientes de ello. 

No queremos que este artículo se convierta en una enumeración de todos los problemas que nos afectan como sociedad y como individuos. Más bien, es el punto de vista de una pareja que se está cuestionando acerca de sus hábitos de consumo. Nuestras preocupaciones y los pequeños pasos que vamos dando para cambiar. Nuestra manera de empezar a ser más coherentes con lo que pensamos (independientemente de que siempre hay cosas que criticamos y que acabamos haciendo…). No somos infalibles y nadie es perfecto. No somos ejemplo de nada, tan solo queremos contar nuestra experiencia y dejar testimonio sobre lo que nos preocupa a día de hoy y las soluciones que estamos poniendo. Como una manera de ordenar todo lo que nos ronda en la cabeza, proponer soluciones que puedan interesar a alguien y, ojalá, recibir consejo e ideas de otras personas con inquietudes parecidas. 

Nuestras preocupaciones y cambios que proponemos

1. El plástico que todo lo inunda y todo lo envuelve.

Podríamos decir que ahora mismo es la lucha que llevamos por bandera: la reducción del uso de plásticos, especialmente los de “usar y tirar”. Hace poco, escribimos un artículo más extenso con nuestras preocupaciones acerca del plástico. Por no ser repetitivos, y sabiendo que nuestro objetivo es cambiar nuestros hábitos de consumo, prestando más atención a los productos que compramos, aquí va nuestra lista de pequeños actos en ese sentido: 

  • Empezar a comprar a granel.

Vuelta a los mercados y pequeñas tiendas de barrio. La mayoría, por no decir todos, los productos de los supermercados llevan un envoltorio de plástico. ¡Fijaros! Por tanto,  hemos empezado a consumir a granel todo lo que hemos podido encontrar en Castellón. Aquí os dejamos nuestro pequeño directorio:

  • Llevar nuestros envases y bolsas cuando vamos a comprar.

Cuando vamos a comprar a granel, llevamos tarros de vidrio, bolsas de papel o tuppers (de plástico o cristal, pero reutilizables), según lo que vayamos a comprar. Además, siempre solemos llevar encima una bolsa de tela, que no ocupa nada, y así nos aseguramos que no nos cuelen las bolsas de plástico.

  • Tener un control de los plásticos que vamos generando.

Esto nos ayuda a saber cuales son los plásticos más recurrentes en nuestra compra para buscarles una alternativa. 

  • Adiós a las botellas de agua de plástico.

Ya que en Castellón el agua de las casas tienen bastante cal, en lugar de comprar botellas de plástico, tenemos varias garrafas que rellenamos con agua de las fuentes de Benicasim. 

  • Productos de higiene personal.

La mayoría de productos de aseo que utilizamos a diario son de plástico o vienen envasados en él. Por tanto, hemos hecho algunos cambios: compramos champú y jabón sólidos, hemos conseguido un cepillo de dientes de madera, hacemos pasta de dientes en casa, piedra de alumbre como desodorante… 

2. La adicción de la sociedad al azúcar.

Tras mucho leer y observar el etiquetado de los productos que comprábamos, nos dimos cuenta de la gran cantidad de azúcar añadido que consumíamos sin darnos cuenta. Entonces, nos planteamos consumir únicamente el azúcar que ya está presente en algunos alimentos (principalmente frutas y verduras) y poco a poco ir retirando el azúcar añadido, tanto en su forma tradicional (azúcar de caña o de remolacha),  como otros edulcorantes (stevia, panela…). Al final, no queríamos sustituir un endulzante por otro, si no reducir nuestro consumo total de azúcar. 

Valparaíso cero azúcar

Si queréis haceros una idea de la cantidad de azúcar que llevan los alimentos procesados (incluyendo también aquellos catalogados como ligth o algunos anunciados especialmente para niños), podéis echarle un vistazo a este interesante proyecto. Por algo se dice que el azúcar es “la droga del siglo XXI”. Nosotros la verdad estamos contentos de haber avanzado bastante en este tema.

3. Los alimentos procesados y la desaparición de lo natural

Para nosotros, este problema viene ligado a la falta de tiempo y las prisas con las que vivimos hoy en día las personas: es mucho más fácil llegar al supermercado y comprar todo allí, que recorrer dos o tres tiendas para hacer la compra. Nos hemos acostumbrado como sociedad a unos niveles de comodidad que hace que nos cueste mucho hacer las cosas por nosotros mismos. Tenemos de todo, pero no sabemos de dónde proviene nada. En nuestro caso, consideramos que saben mucho mejor unas lentejas caseras que una lata de litoral. O un pan casero que unas barras del supermercado. Entendemos también que las hortalizas, frutas y verduras son de temporada y que, por tanto, no se debería poder comer tomates todo el año. 

Pan casero

Por nuestra parte, nos estamos esforzando en recuperar antiguas tradiciones y elaboraciones caseras como forma de consumo habitual. De momento nos hemos animado con el pan, el yogur y las conservas caseras. Creemos que son mucho más beneficiosas para nosotros que los productos procesados, además, de la satisfacción que da ver algo que has sido capaz de hacer tú mismo. 

4. El consumo desmedido y la gestión de los residuos

Así es, vivimos en la época del usar y tirar y la obsolescencia programada. Las cosas están diseñadas para no durar. Nos venden que es mejor tirar y comprar, en vez de reparar. Nos hemos acostumbrado a tener de todo y a no preocuparnos por las consecuencias de nuestro consumo: ¿dónde acaba toda esa basura que desechamos? ¿nos preocupamos por intentar dar una segunda vida a las cosas que tenemos? La basura que generamos es infinita y, sin embargo, el lugar donde almacenarla no lo es. La gestión de los residuos, plantas de reciclado, etc. son temas en los que hay que seguir trabajando, sin embargo, nosotros pensamos que sería necesario también un trabajo de análisis sobre nuestros hábitos de consumo. Pararnos y pensar a qué ritmo consumimos y si somos conscientes de los residuos que generamos, a nivel individual y como sociedad. Algunas de las cosas que hemos empezado a hacer nosotros:

Conserva de berenjenas
  • Generar compost

Una manera de reaprovechar todos los residuos orgánicos que generamos. Ya sea una vermicompostadora (con lombrices) como una compostadora, lo puedes tener en casa sin problema, en cajas cerradas, ya que si no lo alimentas con carne ni pescado, evitaras los malos olores.

  • Hacer conservas

Muchas veces nos ha pasado que hemos tenido que tirar comida, y eso nos da muchísima rabia. Para evitarlo, últimamente hemos decidido hacer conservas con todo aquello que tengamos en exceso.

  • Replantearnos la compra de productos de usar y tirar

Esto es, simple y llanamente, un puro y duro cambio de hábitos. Nos hemos dado cuenta que podemos evitar la gran mayoría de productos de un solo uso. Por ejemplo: platos y cubiertos de plástico, pajitas y cucharillas de helados, botellas de agua de plástico, film para los bocadillos… cada vez que nos encontramos en la situación de tener que comprar/utilizar algo de esto, pensamos si hay alguna alternativa a largo plazo. ¡Y las hemos encontrado!  Si hay que fregar platos, se hace; pedir siempre las bebidas sin pajita, llevar una cucharilla en el bolso/mochila, bolsas de tela para envolver los bocatas, botellas de aluminio para el agua (y si no tenemos, el agua del grifo es siempre potable en España)…

5. El origen de lo que compramos

Esto engloba desde el consumo de proximidad al comercio justo. Pensar que las naranjas que a veces comemos en Castellón pueden venir desde China, es algo que nos parece muy loco. El gasto y la contaminación derivada de ese transporte no parece afectar al precio, muchas veces menor. Sin embargo, este modelo de producción no nos parece coherente con nuestras ideas. Por eso, estamos intentando buscar el comercio cercano, la producción local, regional, nacional… y así sucesivamente. Es un proceso que no va de un día para otro, y hay muchas cosas a las que deberíamos renunciar para que todo nuestro consumo fuera de proximidad y justo. Pero vamos poco a poco, tota pedra fa paret. El primer paso ha sido la toma de conciencia, y cada gesto que vamos haciendo para cambiar esta situación, es un paso más que damos.

Conforme pasa el tiempo, las prioridades o las cosas que son importantes para uno, van cambiando y evolucionando con nuestra personalidad. Las preocupaciones que tenemos ahora, poco o nada tienen que ver con las que teníamos hace unos años. Conseguir cambiar los hábitos adquiridos durante años, no se consigue ni solo, ni de un día para otro. No es una cosa automática. Es un camino que recorrer día a día. Un proyecto a largo plazo. Una forma de vida. 

¡Estamos en la lucha!

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