Con Un Par De Mochilas

7 razones para animarte a hacer un viaje largo

No nos gusta recomendar cosas que no hayamos hecho en primera persona, véase leer un libro, probar cierto restaurante o… hacer un viaje largo. Tras nuestra experiencia de 5 meses viajando por Sudamérica, no nos sentimos expertos en nada, pero sí creemos que tenemos la capacidad de contar y dar a conocer algunas de las sensaciones que se viven y experimentan en un viaje de varios meses (llamémosle viaje largo). En nuestro caso, partimos con solo un billete de ida. Habíamos pedido una excedencia de un año en nuestros trabajos (un tema sobre el que nos han preguntado varias veces y que explicaremos con más detalle en otro post) y, aunque la idea era viajar unos 7-8 meses, por otras causas volvimos tras algo más de 5. 

Nuestras razones para embarcarnos en un viaje así ya las hemos comentado alguna que otra vez: sentíamos que necesitábamos un cambio, que la rutina que llevábamos no nos hacía levantarnos con ánimo por las mañanas.

Si sientes que estás en ese punto, que necesitas un cambio, o que tu sueño es lanzarte a viajar por meses o años, ¡este es tu post! Queremos animarte a cumplir ese sueño, a dar ese paso tan difícil y ayudarte a tomar esa decisión que, aunque ahora no lo sepas, cambiará tu vida en muchos aspectos. Así que, después de nuestra experiencia en primera persona, aquí llega nuestro TOP 7 de motivos por los que animarte a hacer un viaje largo.

1. Experimentar una sensación de libertad

Sentirse libre

Para nosotros, uno de los principales motivos que nos impulsaron a plantearnos un viaje así: nos sentíamos un poco “atrapados”, con la sensación de estar girando en una rueda de la que no sabíamos salir. El viaje fue una manera de poner punto y aparte a esa situación. A darnos tiempo a nosotros, coger aire, poner un poco de distancia con la vida que teníamos y plantearnos si eso era o no lo que queríamos. Tener la libertad de elegir cada día lo que queríamos hacer y dónde queríamos estar. Alejarnos un poco también de la “presión social” y vivir conforme a nuestras preferencias. Y aunque pensamos que es imposible vivir 100% libre, ya que siempre estaremos condicionados por presiones externas, convenciones sociales, lazos familiares,… el viaje ha sido uno de los periodos de nuestra vida donde mayor sensación de libertad hemos experimentado. 

2. Disponer de nuestro tiempo y decirle adiós a las rutinas

Adiós a las rutinas

¿Te has planeado alguna vez qué harías si dispusieras de las 24 horas del día los 7 días de la semana? En nuestra vida diaria, y desde que somos pequeños, tenemos una serie de horarios y obligaciones que cumplir diariamente: clases, actividades extra-escolares, deberes y academias, universidad, horario laboral… Una de las cosas que más nos animó a irnos de viaje fue pensar que íbamos a poder disfrutar 24/7 de nuestro tiempo. A dedicarlo a lo que quisiéramos. A ser “dueños” de él. Por un tiempo, íbamos a vivir sin una rutina preestablecida, sin desear que llegara el viernes y sin deprimirnos el domingo por la tarde. Porque viajando puede ser igual de intenso un martes por la mañana, que un sábado por la tarde, ya que en cada momento estás decidiendo qué quieres hacer y cómo quieres organizar tu tiempo. Y realmente sucede que te preguntes ¿qué día es hoy?

3. Descubrir (por uno mismo) que sí se puede

Descubrir que sí se puede

Y esto es algo que solo te pasará si das el paso de hacerlo por ti mismo. De poco sirve todas las experiencias que te cuenten o las decenas de blogs que leas sobre experiencias similares. Lo que cuenta es tu propia experiencia. Encontrarte un día viajando por el mundo sabiendo que ¡lo has conseguido! Parece que no acabas de creértelo del todo hasta que te encuentras a ti mismo cumpliendo este sueño. Como muchas cosas en la vida, no esperes a que aparezca el momento perfectono esperes tener una especie de revelación – momento místico voz desde las alturas indicándote que sí, ahora es el momento. Nunca te parecerá el momento adecuado. Hay una serie de miedos (a que nos pase algo, a dejar el trabajo, a salir del entorno conocido…) que nos frenan y nos dificultan “dar el paso”. Pero, si realmente uno quiere, hay que acallar esos miedos y tirar p’alante con todo. Tomar la decisión es la parte más difícil, pero una vez tomada, os aseguramos que toooodo es mucho más fácil y va mucho más rodado de lo que parece. En nuestro caso, la experiencia ha sido totalmente increíble y no nos hemos arrepentido ni un solo día de nuestra decisión. 

4. Conocerse más a uno mismo

Un viaje largo no son unas vacaciones, y lo habitual será que no tengas (ni quieras) un planning de todo lo que vas a hacer, qué lugares vas a visitar, dónde vas a dormir… Todas esas situaciones tendrás que planteártelas y resolverlas día a día. Al no tener horarios ni rutinas establecidas, tendrás que tomar decisiones constantemente. Eso te ayudará a descubrirte más a ti mismo, a saber qué cosas te gustan, cuáles son tus preferencias… Te volverás más resolutivo y aprenderás a relativizar. A no preocuparte tanto por lo que “pueda pasar…” y a vivir el momento presente. Vivir el día a día, con un considerable nivel de incertidumbre, ampliará tus herramientas y capacidades para desenvolverte en situaciones inesperadas.

5. Vivir con lo básico y ser totalmente feliz

Vivir con lo básico

Cuando vives cargando todas tus pertenencias a la espalda, empiezas a considerar y diferenciar lo que para ti es necesario de lo que no. Lo que te va a hacer falta llevar siempre encima de lo que podrás ir consiguiendo a lo largo del camino. Durante el viaje, desprendernos de objetos materiales no supuso ningún problema para nosotros. Éramos totalmente felices teniendo solo lo que cargábamos en la mochilaEsta forma de vivir en viaje a derivado en una forma de vida más minimalista. Muchas veces, la publicidad nos hace creer que “necesitamos” ciertas cosas. Diariamente aparecen objetos pensados y diseñados para “facilitarte” la existencia. Lo cierto es que muchas veces esos objetos no hacen si no hacernos dependientes de unas “comodidades” que nos hacen creer que son necesarias, pero que en realidad no lo son. Es nuestro trabajo diferenciar lo que verdaderamente es necesario para nosotros de lo que no.

6. Conocer gente increíble

Una de las grandes sorpresas de este viaje ha sido descubrir la cantidad de buena gente que hay por el mundo. Hemos recibido muchísimas muestras de hospitalidad y cariño que han hecho que nos sintiéramos como en casa. Hemos conocido gente que a día de hoy podemos considerar amigos, personas de muchas partes del mundo, viajeros incansables que llevaban medio mundo a la espalda… gente buena e interesante con la que hemos compartido la casa, las comidas, las charlas y los momentos. Gente que le ha puesto cara y ojos a este viaje y que ha hecho que la experiencia fuera aún más alucinante de lo que pensábamos.

Después de todas las buenas experiencias que hemos tenido, nos sorprende y nos preocupa la cantidad  de prejuicios que muchas veces tenemos hacia los demás. El miedo que muchas veces nos inculcan hacia los que son diferentes o tienen otro tipo de costumbres. Al final, hay muchas más cosas en común que nos acercan que cosas que nos alejan. Nosotros hemos vivido en carne propia la acogida y el afecto de muchas personas que apenas nos conocían. Solo por todos esos momentos vividos y compartidos, el viaje habría valido la pena.

7. Descubrir paisajes alucinantes (y sentir lo pequeños que somos)

El ser humano tiende a creerse el ombligo del mundo. Hacemos y deshacemos a nuestro antojo, muchas veces sin ser conscientes de las consecuencias de nuestros actos y nuestros hábitos de consumo. Afectando en gran medida a este increíble lugar llamado Tierra. Viajando ves lugares que jamás soñaste que existirían. Y aunque es cierto que a día de hoy el mundo parece estar al alcance de un click a través de las pantallas de nuestros ordenadores y nuestros smartphones, lo cierto es que no es lo mismo verlo que vivirlo. Sobre todo cuando lo que vemos está pasado por el filtro de otro, que te enseña solo lo que ellos quieren que veas. Un mismo paisaje puede ser visto de manera totalmente diferente dependiendo del ojo que lo mire, de las experiencias que hayas vivido en ese lugar, de tu momento vital, de aquellos que te hayan acompañado… la imagen y el recuerdo que te lleves de los sitio dependerán de tu propia experiencia personal en ellos. Así que, no solo vas contemplar lugares maravillosos, vas a vivirlos y sentirlos. ¡Disfruta del momento!

Si te has sentido identificado con algunas (o todas) las motivaciones de esta lista ¡adelante! lánzate a cumplir tu sueño de emprender un viaje largo. Esperamos que este post pueda servir de motivación y llenar de positividad a aquellos que estéis buscando razones para embarcaros en un viaje largo. 

¿Alguna otra motivación que te mueva y que no hayamos puesto en esta lista? Os animamos a todos aquellos que estéis dudando en hacer o no un viaje largo, a compartir vuestras experiencias, vuestros miedos o vuestras dudas. Nosotros también pasamos por las mismas indecisiones y miedos pero, al final del camino, y un año después de habernos lanzado a este viaje, os podemos asegurar sin duda y en voz bien alta que HA VALIDO LA PENA.

 

Dejar un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.